El debate sobre si los cigarros electrónicos –mejor conocidos como vapeadores– son una alternativa más segura que los cigarrillos de tabaco tradicionales sigue siendo el foco de investigación en todo el mundo. Los científicos buscan determinar si existen daños a la salud asociados con el uso de estos dispositivos.
¿Qué son los vapeadores y cómo funcionan?
A diferencia de los cigarrillos convencionales, los vapeadores no queman directamente el tabaco. Estos dispositivos cuentan con una batería que calienta y vaporiza una solución líquida, permitiendo a los usuarios inhalar un aerosol en lugar de humo.
Las soluciones utilizadas en los vapeadores suelen contener nicotina, propilenglicol –un compuesto orgánico en forma de líquido aceitoso–, glicerina y saborizantes. Según Francisco Moreno, neumólogo del Instituto de Medicina Interna del Hospital Zambrano Hellion de TecSalud, “en los últimos años se han vuelto muy populares porque tienen distintos sabores y permiten inhalar nicotina sin el aroma característico del cigarro”.
Los vapeadores también contienen sustancias tóxicas
Aunque los vapeadores han sido promovidos como una alternativa más saludable al tabaco, la evidencia científica sugiere que también pueden representar riesgos para la salud.
Los cigarrillos electrónicos modernos fueron creados en 2003 en Pekín, China, por el farmacólogo Hon Lik. Desde su introducción en el mercado, su uso se ha extendido rápidamente. Sin embargo, debido a su relativa novedad, aún no se conocen con certeza sus efectos a largo plazo. “Para demostrar que fumar tabaco se asociaba con cáncer se tardaron dos o tres décadas”, advierte Moreno.
Estudios recientes han identificado múltiples sustancias tóxicas en los vapeadores. Un estudio de la Universidad de Carolina del Norte en 2018 reveló que el propilenglicol y la glicerina pueden ser tóxicos para las células, y que cuanto mayor es el número de ingredientes en el líquido del vapeador, mayor es su toxicidad.
Otro estudio identificó 22 sustancias tóxicas en estos dispositivos, incluyendo acetaldehído, acroleína y formaldehído, compuestos que pueden causar enfermedades pulmonares y cardiovasculares. La acroleína, un herbicida presente en algunos vapeadores, puede provocar lesiones agudas en los pulmones, así como enfermedades crónicas como EPOC, asma y cáncer de pulmón.
Moreno enfatiza: “Sabemos que los vapeadores posiblemente sean menos tóxicos que los cigarrillos tradicionales, pero eso no significa que sean seguros o que no causen daño”.
Un riesgo adicional es el impacto en niños y adolescentes, quienes pueden verse atraídos por la percepción de que son seguros. Existe evidencia de que el uso de vapeadores afecta el desarrollo del cerebro en menores de edad.
Otro factor preocupante es la falta de regulación en países como México, lo que dificulta conocer la cantidad exacta de nicotina en estos dispositivos. Esto incrementa el riesgo de adicción, ya que los fumadores pueden aumentar su consumo sin darse cuenta. “Es muy fácil incrementar la dosis de nicotina con los cigarrillos electrónicos o el chicle de nicotina, a diferencia del tabaco”, señala el experto.
¿Pueden los vapeadores ayudar a dejar de fumar?
El uso de los vapeadores como una herramienta para dejar de fumar sigue siendo un tema de debate, ya que la evidencia científica es contradictoria.
En algunos países, como Suecia y Reino Unido, se han implementado programas exitosos donde los vapeadores se utilizan como un puente para dejar de fumar. En el Reino Unido, alrededor de 2.7 millones de personas han abandonado el tabaco con esta estrategia en los últimos cinco años.
Sin embargo, otros estudios han encontrado que la tasa de éxito es baja. Un estudio de 2020 reveló que solo el 9.6% de 2,770 fumadores que intentaron dejar de fumar con vapeadores lo lograron en un año.
“En algunos países, los vapeadores se utilizan como una herramienta transitoria bajo supervisión médica, pero no deberían verse como una alternativa permanente”, indica Moreno. Además, muchos fumadores terminan combinando el vapeo con el consumo de cigarrillos tradicionales, aumentando su exposición a la nicotina en lugar de reducirla.
Los países donde los vapeadores han sido efectivos en el tratamiento de la adicción al tabaco cuentan con regulaciones estrictas para minimizar la exposición a sustancias tóxicas. La clave, según los expertos, es utilizar estos dispositivos en un contexto de terapia formal y acompañada.
La evidencia actual sugiere que los vapeadores no son una alternativa completamente segura a los cigarrillos tradicionales. Si bien podrían representar una menor exposición a ciertas toxinas, siguen conteniendo sustancias perjudiciales para la salud.
Para quienes buscan dejar de fumar, los expertos recomiendan acudir a terapias avaladas por la comunidad médica y reguladas adecuadamente. “Como médicos, nuestro papel es ofrecer información basada en evidencia sobre los daños asociados a este hábito”, concluye Moreno.